¿Qué ocurre cuando tu hijo trae malas notas?

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Entrado ya el segundo trimestre del curso escolar,  aunque estemos comenzando un nuevo año, en lo que al cole se refiere, ya llevamos recorrido un tercio del camino. Y después de las notas de este primer trimestre (y una breve charla con el tutor) algunos padres empiezan a plantearse que quizás aún estemos a tiempo de poner solución a las malas notas que su hijo ha obtenido en esta primera evaluación. La duda es “¿necesitará mi hijo algún apoyo?”

Nos quedamos con la mosca detrás de la oreja desde la recogida de notas. Y es que el tutor nos ha comentado lo que nosotros los padres ya sospechábamos. Las notas de Mario se deben no a una falta de capacidad, sino más bien a otros motivos. Es cierto que Mario es un chico inteligente, dicho incluso por sus profesores, pero los resultados académicos no son los esperados. Lejos de sacar una buena nota, Mario se conforma con un suficiente e incluso suspende varias asignaturas. Como padre, molesta tener que emplear dinero y tiempo en unas clases particulares que sabes que no va a aprovechar o si lo hace, no es necesario pues sabemos que tiene capacidad más que de sobra para asimilar los conocimientos que piden en el cole. El profesor nos ha hablado de baja motivación, de que no presta atención en clase, etc.

¿La solución está en las clases particulares?

 

Los padres queremos darle lo mejor a nuestros hijos, y nos planteamos si lo mejor para él será buscarle unas clases de apoyo para reforzar esas asignaturas en las que hemos visto que flojea. Pero por otro lado sigue ahí la mosca de lo que nos dijo el tutor, ¿y si nos estamos equivocando y no es eso lo que necesita?

Algunos padres pensarán ante esta situación qué mal puede hacerle a un niño unas clases extraescolares de apoyo. Y yo, siempre vuelvo a lo mismo. Los niños deben ir al colegio, aprender, pero también deben tener tiempo libre, jugar, tener tiempo suficiente de hacer los deberes, de ver la tele, de comer sin prisa, etc.  Unas clases donde le repitan los contenidos que ya ha dado en el cole sólo me parecen recomendables para los casos en lo que los niños sí necesitan ese apoyo. Algunas veces para que un niño siga el ritmo de la clase necesita ayuda externa, necesita en ese caso clases de refuerzo.

Es preferible conocer cada situación para saber qué es lo mejor  en cada caso. Si sospechas que el problema no está en que necesite que le expliquen las cosas una segunda vez, lo mejor sería averiguar qué es lo que realmente ocurre, cuales son los verdaderos motivos que se esconden tras cada suspenso, tras cada mala nota.

No cabe duda de que unas malas notas pueden enturbiar el clima familiar, no en vano  una de las mayores preocupaciones de los padres es el rendimiento académico de los hijos. Además, estos desvelos aumentan conforme va aumentando la edad del niño.

Y es que cuando nuestro hijo o hija trae malas notas, los padres empezamos a preguntarnos en qué nos estaremos equivocando, si somos nosotros los que fallamos o son ellos. De cualquier forma, nos sentimos culpables. Y este sentimiento de culpa nos empuja a actuar a veces de manera precipitada, sin reflexionar, tomando medidas no siempre adecuadas.

Creo que en lugar de saturar la ya ocupada agenda de nuestros hijos con clases de apoyo, es más productivo buscar la raíz del problema. Buscar los “verdaderos culpables” de las malas notas.

En ese sentido, debemos plantearnos en primer lugar dónde puede estar el quid de la cuestión. Vayamos primero a los “sospechosos habituales”, éstos pueden ser:

Malos hábitos de estudio o falta de estrategias para aprender y memorizar. En tal caso lo recomendable sería dotar al niño de técnicas de estudio adecuadas a su edad y a la materia en concreto.

Dificultades para concentrarse. Puede que detrás de esto haya un problema de atención, o impulsividad que se debería evaluar y posteriormente tratar. Aunque en la mayoría de los casos esta dificultad se puede compensar con unos hábitos de estudio correctos.

Problemas familiares. Si en casa hay o ha habido problemas debido a separación de los padres, enfermedad o muerte de algún familiar, problemas económicos graves, etc. puede verse reflejado en la capacidad de concentración de los menores.

Problemas emocionales.  Los clásicos nervios ante un examen, el miedo a suspender o a las consecuencias de un suspenso también pueden llevar al fracaso escolar.

¿Cómo nos enfrentamos a las malas notas?

 

Para averiguar cuáles son los verdaderos motivos de las malas notas de nuestro hijo, empecemos por hablar con él. Siempre desde la calma, no sirve de nada enfadarnos con él o ella y gritarle por sus calificaciones. Es mejor contar hasta 100 y buscar  un buen momento para hablar con él y que nos cuente a qué cree que son debidas sus notas.

Cuando hables con tu hijo o hija, muéstrale tu cariño. El afecto es algo que no queda en segundo plano porque traiga malas notas a casa. Recuerda que el fracaso académico tiene para el niño consecuencias emocionales y él necesita sentirse querido. Esta recomendación es válida para cualquier momento de la vida de nuestro hijo. Debemos tener siempre en cuenta que en estas situaciones puede verse afectada su autoestima.

El ser afectuosos con nuestro hijo no significa que debamos ser laxos en las normas ni mostrarnos inflexibles. Es importante trasmitirle el sentido de la responsabilidad, por ello los niños deben hacerse responsables de sus suspensos. Atenerse a las consecuencias (que no castigo) de un suspenso conlleva implicar al niño, dependiendo de la edad, en la solución al problema. Un adolescente debe poder formar parte en la elección de la estrategia para combatir las malas notas. A un niño pequeño debemos ofrecerle los padres las soluciones.  Enseñarles responsabilidad a nuestros hijos pasa necesariamente por que ellos se hagan cargo de sus suspensos, es decir, deben asumir su “culpa” para poder tomar medidas. Si al equivocarnos no aceptamos nuestra responsabilidad y achacamos nuestro error a causas externas (el profesor me tiene manía, el temario era muy difícil, no me dejaron tiempo suficiente para estudiar, etc.), difícilmente vamos a poder corregirlo. Es necesario tomar conciencia de nuestros errores para poder solventarlos.

Por otra parte, nunca viene mal recordar a los padres que una práctica tan habitual como es el regalo por las buenas notas no siempre es buena idea. Es decir, si pretendemos enseñar responsabilidad a nuestros pequeños, hagámosle ver que el cumplimiento de esa responsabilidad tiene como recompensa la satisfacción de ver el trabajo terminado y bien hecho. Y no hay recompensa mayor para un niño que esa sensación de satisfacción. No veo nada malo en hacerles regalos a los hijos, en absoluto, opto por utilizar los regalos como muestra de afecto, pero no como premio por cumplir con su “trabajo”.