Vuelta a la rutina

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Empieza septiembre y empiezan los posts sobre la vuelta a la rutina, la vuelta al cole, al trabajo… Como si el mundo entero estuviese de vacaciones el mes de agosto. Siendo los niños los único que se desvinculan casi por completo de sus quehaceres diarios de la escuela durante el caluroso verano malagueño. Sea como fuere, el caso es que el inicio del curso escolar está a la vuelta de la esquina, como quien dice. Y con los niños en el cole, la rutina entra de nuevo en nuestra vida familiar.

Los adultos oímos infinidad de veces a lo largo de nuestra vida lo importante que es el que los niños tengan una rutina, pero ¿por qué es tan importante? ¿Qué beneficios les aporta a los pequeños (y a los padres, de paso) el tener unas rutinas bien establecidas en casa?

Antes de hablar de las bondades de las rutinas, me gustaría empezar por algo más simple, saber qué es la rutina, pues si tratamos de hablar de los beneficios también es justo nombrar que a veces en la vida adulta esta palabra suele tener connotaciones negativas.

Según la RAE, la rutina se define como “costumbre o hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y de manera más o menos automática”.

Imaginémonos por un momento que nuestro hijo, llegadas las 6 de la tarde, sube a su habitación y se dispone a hacer los deberes sin que le hayamos dicho nada previamente. O termina de comer y va al baño a lavarse los dientes de motu proprio. Fantástico, ¿no? Pues ese es el poder que tiene la rutina.

Para conseguir esas pequeñas metas, es básico que establezcamos algunas rutinas, y para ello los padres somos los encargados. Son los hábitos que nosotros consideremos importantes los que les inculcaremos a ellos, a través del ejemplo, generalmente. Y también a través de la constancia y la perseverancia.

Beneficios que nos aporta la rutina

Las rutinas son vitales para el desarrollo de los niños. Sabemos que aportan seguridad y regularidad. Una vida sin ninguna rutina es un caos para los pequeños, pues el hecho de no saber qué va a ocurrir les generaría mucho estrés e inseguridad. Pues mirémoslo del lado positivo, un niño que sabe qué es lo que viene después de cada cosa, se siente tranquilo.

Además de la seguridad anteriormente nombrada, las rutinas aportan a los pequeños tranquilidad y bienestar. Esa calma que nos da el hecho de saber qué es lo que va a pasar o poder anticipar algo ayuda a reducir la ansiedad. Y también hace disminuir las rabietas y los enfrentamientos con los hijos, esas luchas de poder tan cotidianas por cosas tales como el baño, la hora de despertar, la ropa o los deberes.

Por otro lado, las rutinas también ayudan a generar autonomía en los niños a la vez que confianza, esto le da un empuje a su autoestima.

Niños que acostumbran a lavarse los dientes, a preparar su mochila ellos solos cada día, etc., poco a poco irán adquiriendo esos hábitos y aprenderán a hacer todo esto sin necesidad de nuestros recordatorios constantes.

La regularidad en los hábitos, la constancia, o perseverancia son valores que irán adquiriendo paralelamente y que le serán muy útiles a lo largo de toda su vida. Pues sabemos que el éxito no llega por casualidad, sino que es fruto del trabajo y la constancia.

¿Cuáles podrían ser buenos unos hábitos para los niños?

Unos buenos hábitos empezarían por un horario adaptado a las necesidades del niño.  Tan importante es la hora de irse a la cama como la hora de comer o de jugar. Los niños deben irse pronto a la cama y dormir lo necesario para afrontar el siguiente día descansados. Lo ideal es que todos los días se acuesten a la misma hora aproximada y de la misma forma (con un cuento, con su osito de peluche favorito, etc.). Igual de importante es respetar las horas de las comidas y de los deberes o tareas domésticas.

En segundo lugar, todo lo relacionado con la higiene. Es importante que los niños se vayan haciendo responsables poco a poco de su aseo personal, desde lavarse la cara por las mañanas hasta los dientes después de las comidas o el baño de por la noche, por ejemplo.

Como hábito saludable no nos podemos olvidar del ejercicio, tan necesario en los niños para su desarrollo como el juego. En este sentido, podemos hablar tanto de caminar como de ir al parque o practicar algún deporte por las tardes.

¿Y tanta rutina no matará su espontaneidad?

Este miedo me lo comentan muchos padres en consulta. Temen tener una vida tan organizada que la rutina mate su parte más creativa o merme el poder de su imaginación. Pero esto no tiene porqué ser así siempre que dentro de la rutina diaria o semanal seamos capaces de incluir  cierta flexibilidad. Rutina no es sinónimo de monotonía o tedio. Lejos de lo que podríamos pensar, la rutina no es enemiga de la creatividad y espontaneidad infantil. Dado que el hecho de tener unos buenos hábitos adquiridos aporta seguridad al entorno del pequeño, sabemos que un niño que se siente seguro está más dispuesto a crear, a innovar y probar cosas nuevas.