Niños y naturaleza

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En esta época del año, cercana ya al verano, el buen tiempo hace que apetezca  aún más si cabe salir de casa con la familia, pasear, estar a la intemperie y respirar y descubrir el aire fresco (como decía aquella canción).  Y si no es fresco, al menos es aire puro, que también vale. El aire libre sienta bien, es saludable, esto es bien sabido por todos, pero ¿te has parado alguna vez a pensar qué tiene la naturaleza que tanto les gusta a tus hijos?

El estar en contacto con la naturaleza es muy importante y favorable para los seres humanos.  Existen numerosos estudios científicos que avalan los beneficios, unas veces conocidos y otras no tanto, que el entorno natural tiene sobre las personas, en concreto en los niños. Por ejemplo,  el contacto con la naturaleza está relacionado con una mejora en el rendimiento cognitivo de los niños (según artículo de Sarah Romero en la revista Muy interesante).

La naturaleza es el parque de atracciones donde más se aprende

Los padres sabemos que nuestros hijos son exploradores natos, a ellos les gusta investigar todo lo que tienen a su alrededor. De ahí que el campo es para ellos como un parque de atracciones, cuanto más pequeños son más les divierte.  Da igual que sea un pequeño parque cercano a casa, la playa o el bosque, el caso es que cuando están en la naturaleza los niños cambian, están más relajados. No tienen la sensación de estar siendo vigilados, se sientes libres, son más felices.

La naturaleza ofrece una gran variedad de estímulos. Pueden ver, escuchar, oler, tocar, probar, sentir….  Les ayuda no solo a la psicomotricidad (el movimiento es clave en el aprendizaje) sino también a resolver problemas. Experimentan las cosas por sí mismos, manipulando, creando de esta forma un aprendizaje más significativo. Absorben todas esas cosas que les queremos enseñar desde el aula o desde casa como el respeto y amor por la naturaleza. ¿Qué mejor manera se te ocurre que estando en contacto con ella? Le hablamos de animales, plantas, fenómenos meteorológicos, etc.  E incluso los ponemos como ejemplo en nuestro día a día (quietos como un árbol, dormido como un lirón, a punto de estallar de rabia como un volcán…). No me imagino forma mejor de que aprendan estas cosas (que están en sus libros de Conocimiento del medio) que experimentándolo por ellos mismos. Además de ayudar a generar ese amor por la naturaleza, les mostramos el porqué de cuidar el medio ambiente, la importancia de reciclar, etc.

Mientras están en el campo o en la playa, por ejemplo, durante un rato sustituyen sus sofisticados juguetes por palos, tierra, hojas, piedras, arena o conchas. Y olvidan la ajetreada vida de adultos a la que a veces sometemos a nuestros hijos, repleta de horarios, prisas, deberes, clases extraescolares… y con tan poco tiempo para jugar y ser niños.