¿Niños desobedientes o padres sin recursos?

La preocupación por la obediencia es un tema bastante recurrente en las consultas de psicología infantil. Cuando hablamos de problemas de conducta en niños, es inevitable pensar en niños desobedientes o en padres con falta de autoridad sobre sus hijos. Aquello de “se nos está yendo de las manos…” es una de las frases más oídas en mi campo, y a la vez una de las que más desvelo causan.

Cuando los padres decimos que queremos que nuestros hijos sean buenos y obedientes, debemos plantearnos nuestras propias prioridades, es decir, queremos que nuestro hijo o hija nos obedezca, sí ¿pero a cualquier precio? No es lo mismo que haga las cosas que queremos que haga por iniciativa propia a que las haga por temor a un castigo.  Esto nos hace reflexionar sobre el tipo de padres que queremos ser: ¿Queremos ser los padres castigadores temidos por nuestros propios vástagos o por el contrario queremos enseñarles conductas que vayan interiorizando y se vayan convirtiendo en su repertorio cotidiano? Si eres de lo que te posicionas en la segunda opción, entonces estarás de acuerdo conmigo en que no es un camino fácil, pero a largo plazo es mucho más satisfactorio. Atrás quedó el “no porque no” y el “porque lo digo yo que soy tu madre” como atrás quedaron los videos Beta y VHS.

Sea como fuere, un niño que desafía a sus padres, que reta cualquier orden que le den no es fácil de cambiar. Y ahí quizás esté la cuestión. No es el niño el que debe cambiar sin más, sino nuestra forma de hacer las cosas con él. O sea, que somos nosotros los padres los que debemos cambiar la forma en que actuamos con los niños si queremos ver cambios en su comportamiento. Cuando modificamos nuestra forma de hablarles, de pedirles las cosas, de corregirles, etc. podremos apreciar cambios en ellos. Tales como menos resistencia a las órdenes, menos enfrentamientos… En resumen, podremos disfrutar de más paz y armonía familiar.

Algunos “trucos” para que obedezcan

Aunque bien es cierto que en psicología infantil no existen las recetas milagrosas, pues las familias somos muy diferentes unas de otras. Y lo que funciona para unos no funciona para otros. Sí que es cierto que hay algunos “trucos” que puestos en práctica ayudan bastante a alcanzar los objetivos clásicos que los padres nos marcamos en este tema de la obediencia.

¿Cuáles son esos trucos?

  • Anticipar: Háblales de lo que va a suceder y de lo que se espera de ellos en cada momento para que no haya lugar a dudas. Ejemplo, después de clase vamos a ir al supermercado, acordaos que no es un parque y no se puede correr por los pasillos.
  • Crear rutinas: Las rutinas ayudan a crear hábitos de forma casi automática, solo siendo constantes.
  • Dar ejemplo: No podemos decirle a nuestro hijo que no grite si nosotros le gritamos. O que no se pega, si utilizamos la violencia contra él. Pues es tan contradictorio que es imposible que aprenda lo que le decimos en lugar de lo que ve.
  • Poner límites: Los niños se sienten más seguros en un lugar donde las normas sean claras y sean para todos.
  • Dar opciones. Dejar a los niños tomar algunas decisiones, no de forma totalmente abierta, sino planteándole dos opciones. Ejemplo, Vamos a salir de paseo, ¿quieres ponerte los zapatos azules o los negros? De esta forma no le estamos dando la orden de “ponte los zapatos que nos vamos” que es contra la que se revela el menor. Le estás dando a elegir, cosa que al niño le agrada.
  • ­Evitar, en la medida de lo posible, los castigos y amenazas. Sé que es difícil porque es un arma que suele funcionar, pero sólo a corto plazo y con un coste muy alto: los hijos aprenden a evitar el castigo, no aprenden la conducta que queremos que aprendan.