No puedo con su mal humor

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Seguro que más de una vez hemos pronunciado esa frase de “no puedo con su mal humor” o nos hemos preguntado a qué vienen todas esas malas contestaciones de nuestro hijo o hija. ¿Por qué esa rebeldía hacia nosotros sus padres, quienes más lo queremos? ¿Acaso le hablamos nosotros así? Si estas preguntas rondan por tu cabeza más a menudo de lo que te gustaría quizás sea el momento de dejar de preguntártelo a ti mismo y buscar respuestas.

Es cierto que hay niños que tienen peor humor que otros, y aunque un reciente estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur señala que estas personas son más inteligentes, no deja de ser un fastidio para los padres que te “toque” un hijo así, más inteligente sí, pero capaz de acabar con la paciencia de cualquiera que lidie con él el día entero.

Y de paciencia precisamente tendremos que hablar, porque será la base sobre la que actuemos con estos niños que protestan por todo, que todo lo que le propones les parece mal o le sacan alguna pega, tanto que te hacen pensar  que nunca se acierta con ellos.

 

¿Por qué ese mal genio?

 

Lo primero en lo que habría que detenerse es a qué llamamos mal humor en un niño. Generalmente  nos referimos a irritabilidad, malas contestaciones, negatividad, pesimismo. Pues  es fundamental diferenciar los casos de rebeldía (niños que se enfrentan constantemente  a las órdenes o decisiones de los padres) a los momentos de tristeza, asociada a la desilusión, el pesimismo, etc.

Las causas de ese mal genio podrían ser de distinta índole, empezaremos por buscar los sospechosos habituales:

Falta de sueño: Parece una obviedad pero es una de las causas más frecuentes. Quizás antes de buscar otros causantes de la conducta de nuestro hijo debamos revisar si realmente el niño está durmiendo las horas necesarias para su edad).

Miedos, preocupaciones: Algunas veces, los niños no saben por qué se encuentran mal, pero se sienten mal, es decir, no han aprendido a reconocer sus propias emociones y les cuesta saber qué es lo que les ocurre y muchísimo más aún expresar esas emociones. Y detrás de ese mal humor puede haber preocupaciones o miedos que  afloran, por lo que sería conveniente identificarlos.

Problemas en su entorno social  o tensión en el ambiente familiar: Al igual que los adultos, nuestros hijos tienen preocupaciones, ya sea por sus estudios, sus relaciones sociales con otros niños o los problemas en casa, a ellos les afectan igual que a nosotros con la diferencia de que al estar su mente en pleno desarrollo no han adquirido aún las habilidades necesarias para resolver esos problemas.

Respuestas aprendidas: Cuando una vez y otra y otra más respondemos de una forma concreta a una situación o estímulo, acabamos por interiorizar esa respuesta y la damos de forma casi automática. Es decir, sin darse cuenta, tu hijo te contesta de forma inadecuada no porque en ese preciso momento esté enfadado sino porque ha aprendido a responder de  esa forma. En ese caso, habría que desaprender para volver a aprender una respuesta adecuada.

 

¿Es normal que siempre esté de mal humor?

 

Una de las cosas que debemos entender en primer lugar es que estos comportamientos forman parte del desarrollo del niño. Es normal que los hijos se enfrenten a los padres, que los pongan a prueba, que no siempre quieran obedecer sus órdenes o seguir sus consejos. Pero cuando esta conducta se convierte en algo demasiado frecuente y enturbia las relaciones familiares puede que sea necesario hacer una evaluación por parte de un profesional para valorar si estamos ante un posible caso de Trastorno Negativista Desafiante (TDN).

Dependiendo de la edad del niño podemos hallar estas conductas más o menos normales. Es decir, es bien sabido por todos que cuando nos acercamos a la adolescencia solemos encontrar esos choques en la convivencia; debido al mal genio de los hijos, a su rechazo por las normas, etc. Así, entendemos estos comportamientos como oportunos de la edad y no patológicos.  Dado que estas conductas son algo consustancial a la edad, en algunos casos casi ineludible, debemos dotar a nuestros hijos de las herramientas necesarias para poder afrontar estas situaciones y resolverlas con éxito. Dicho de otro modo, id preparando a nuestros niños para la edad adulta (pasando por la temida adolescencia) aprovechando esos momentos de malas contestaciones, malas formas, etcétera, tal como hicimos con las  rabietas. Pues a pesar de lo molesto que es para los padres recibir respuestas inadecuadas sin venir a cuento o “malas caras”, esos momentos son oportunidades maravillosas para enseñarles a gestionar ese mal carácter.

 

¿Cómo hago para ayudarlo a sentirse bien?

 

Podríamos empezar por enseñar los niños gestión emocional, esto es, reconocimiento de las propias emociones, identificación de las mismas (saber qué es lo que me pasa, qué estoy sintiendo y cómo se llama esto que siento). Animarles a expresar esas emociones y eso pensamientos, tanto negativos como positivos.

Para ello, pondremos en práctica nuestras mejores dotes comunicativas. Sabemos que a partir de los 7 u 8 años los niños ya saben expresar muy bien lo que les pasa y cómo se sienten, entonces, propongo que hablemos, que preguntemos mucho, que intentemos empatizar con ellos. Es fundamental para un niño sentirse escuchado, sentir que para sus padres es alguien importante, que su opinión se tiene en cuenta. De esa forma se animará a hablar y si escucha cómo te sientes tú es probable que empiece a contar cómo se siente él /ella.

Para todo esto, es fundamental cargar nuestras baterías a tope de paciencia, tal como hablábamos al principio, pues es la piedra angular sobre la que descansa toda educación y crianza de los hijos.