Mamá, ¿me ayudas con los deberes?

haciendo deberes 10enconducta.comHablar sobre si los niños españoles tienen o no muchos deberes es un tema que está siendo muy cuestionado últimamente, sobre todo por padres y educadores.  Cierto es que se han llevado a cabo numerosos estudios para saber cuánto tiempo dedican nuestros niños a tareas escolares en casa. Y siempre salen mal parados, es decir, en comparación con otros países, los niños españoles dedican más tiempo de la media a la realización de deberes en casa. Y lo peor, esto no siempre va unido a un mejor rendimiento escolar. Sino más bien al contrario.

También se ha hablado mucho de los efectos negativos que puede tener la excesiva carga de deberes en los menores. Nos referimos a ansiedad en los niños, estrés, sensación de fracaso, miedo de no llegar a cumplir las expectativas, frustración, nerviosismo, etc. Y lo no menos importante desde mi punto de vista, el escaso tiempo que deja a los niños para el juego libre, ayudar en las tareas domésticas, e irse a la cama pronto.

Pero poco se ha hablado de los beneficios (que también los hay) que tiene el que los niños traigan deberes a casa. Para algunos maestros, el hecho de hacer deberes en casa ayuda no sólo a afianzar lo aprendido, a la vez que repasas el contenido estudiado durante la mañana en clase. Sino que también ayuda a crear un hábito de estudio en los más pequeños que le será muy beneficioso en un futuro nada lejano.

Además, al mandarle tareas para hacer en casa (ya sean nuevas o las no acabadas durante el cole), los niños aprenden que su responsabilidad es esa, estudiar. También, terminar lo que se empieza en el caso de los ejercicios no acabados en clase.

Y al hilo de esta responsabilidad tan ansiada por los padres, entra mi cuestión: ¿debemos los padres sentarnos a hacer las tareas con nuestros hijos? O por el contrario ¿deben los niños hacer sus deberes solos?

¿Deben los niños hacer los deberes ellos solos?

 

La mayoría de los padres tiene clara su respuesta a esta pregunta, aunque con matices (sí, pero…) El pero surge cuando el niño tarda demasiado. Bien sea porque no sabe hacer los ejercicios que le piden, o bien porque se distrae con facilidad. Ahí es donde radica el mayor problema con el que se encuentran los padres a la hora de hacer los deberes, el tiempo. En este mundo con prisas en el que vivimos, con la mayoría de las tardes ocupadas en actividades extra-escolares, no es de extrañar que a los escolares les falte tiempo para dedicarle a los deberes del colegio. Y es que ese tiempo a veces pueden derivar en horas.

Esas horas que podría dedicarle la niña sola en su habitación a los deberes se ven milagrosamente reducidas si uno de sus progenitores se sienta al lado. Ya sea para evitar distracciones o para ayudar en la comprensión y ejecución de los ejercicios.

Para empezar, debemos tener claro que los deberes escolares, sean del tipo que sean, son responsabilidad de los niños. Son ellos lo que deben de hacerse cargo de anotarlo en la agenda, de hacerlos en casa y de llevarlos hechos o no al día siguiente. Y también de asumir las consecuencias en caso de que no estén terminados o mal hechos. Partiendo de este principio, parece claro que deben ser ellos solos los que se pongan en casa con sus tareas. Pero los padres en nuestro afán de “controlar” o “supervisar” la educación de nuestros hijos, en muchas ocasiones no nos vemos capaces de dejar esa responsabilidad en sus manos, convirtiéndola sin darnos cuenta en algo nuestro.

Dejando a los niños hacer frente a sus responsabilidades les estamos dando la oportunidad de llevar su vida, de decidir, de sentirse orgullosos de sus éxitos, y de aprender de sus fracasos.

Además de esto, si son ellos los que se encargan de sus deberes de forma autónoma, les estamos enseñando el valor del esfuerzo, pues no siempre les apetece ponerse a estudiar al volver a casa. Y además, les ofrecemos la posibilidad de sentir la satisfacción (un potente motivador interno) del trabajo realizado. Ésto les servirá para enfrentarse a los deberes con menos ansiedad y mejor talante el próximo día.

Por otro lado, el profesorado tendrá un feedback real de lo que realmente han aprendido o están aprendiendo sus alumnos si las tareas que traen de casa las hacen ellos solos. De manera que puedan evaluar la adquisición o no de nuevas capacidades o habilidades. Y no tener la sensación de estar evaluando si los padres de sus alumnos tienen el suficiente conocimiento como para ayudarles en sus deberes o no.

Ni que decir tiene que no solo son ventajas para el estudiante, sino también para la familia, pues si los padres no tienen que emplear su tiempo en hacer los deberes con su hijo, o repasar con ellos antes de un examen, pueden dedicar ese tiempo a otros miembros de la familia o a otras tareas, ya sean labores domésticas, algo de ocio o simplemente descansar.

Pero, ¿y si necesita ayuda de verdad?

Es cierto que, en algunos casos, el niño puede necesitar un apoyo en alguna asignatura concreta o puede encontrar dificultad en algún tema de forma puntual. En esos casos es bueno que el escolar sepa que puede contar con la ayuda de los padres, un profesor de apoyo, una academia, etc.

Cuando el problema se presenta a la hora de concentrarse, de poder hacer los deberes sin que le lleve horas, quizás tendríamos que evaluar la atención del niño. De hecho en ocasiones la clave está  ahí, en la atención. Y en tal caso, podríamos centrar nuestros esfuerzos en trabajar la atención sostenida del niño y una correcta “higiene” a la hora de hacer los deberes (horario, metodología, distracciones, etc). Pues a veces nos encontramos que la supuesta falta de capacidad de un niño en una materia se debe a la forma de estudiar o al desconocimiento de técnicas de estudio adecuadas. Y trabajando estos temas adecuadamente podríamos ahorrar a los niños y sus familias largas tardes de deberes.